Category Archives: Desvaris

Malditos cabrones. (Versión original subtitulada)

Lo que le puede pasar a la publicidad de las cadenas de televisión privadas cuando interrumpen abruptamente una película de acción y los subtítulos se quedan congelados.

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Tiene su gracia, pero si yo fuera el anunciante no me haría ninguna.

(Las imágenes son de hace poco más de un año, las hice en las fechas en que se cambiaron las frecuencias de los canales de alta definición)

 


Las selfies, el palo, el disparador automático

Imagen bajada de Internet, descaradamente

Imagen bajada de Internet, descaradamente

Vocabulario básico: una moda o una plaga; graciosillos y graciosillas; jovencitos y jovencitas; no sólo jóvenes; japoneses armados con palos; control de aeropuertos; disparador automático hoy  = chorizo más rápido que el viento  y cámara que vuela; ellas con el palo en la mano; a ver quién tiene el palo más largo; si es usted tan amable de hacernos una foto; MacGyver y un bordón de peregrino; soporte multiuso: escoba/fregona/selfies/juguete sexual…

Yo les doy algunas ideas, el artículo lo escriben ustedes.


Taimados, insolidarios y abyectos

Imatge

Aunque el título promete, el contenido no es nada del otro mundo. Lo podría haber reservado para mejor ocasión.

David Trueba, colaborador habitual de EL PAÍS, en un artículo que publicó el pasado 2 de julio sobre el cese de Fran Llorente como jefe de informativos de TVE, a propósito de la ovación que la redacción le dedicó al despedirse, aprovecha la ocasión para soltar uno de esos tópicos de los que se nutre el argumentario de muchos papanatas: “La despedida del anterior responsable, Fran Llorente, provocó la ovación de sus compañeros de redacción. Acostumbrados a que los jefes sean taimados, insolidarios y abyectos, lejos de esa figura ejemplar y casi paterna que impulsaba el oficio y la identificación del trabajador con su empresa, un suceso así nos alienta”. No sé yo si un suceso así le alienta o le da aliento para cargar contra la figura del “jefe”, un personaje que debe de resultarle muy antipático a los entes libres y rebeldes, a los seres superiores como David Trueba. Hay que reconocerle, eso sí, que ha tenido gracia con los epítetos que les dedica. Hoy en día escasea el ingenio a la hora de insultar. 

No tengo nada en contra de Llorente, al contrario. Si se dice que ha sido un buen director de informativos será porque es cierto. Como ciudadano contribuyente me satisface que TVE (que no la veo nunca) esté dirigida por profesionales íntegros y competentes. Quien me fastidia es el articulista-escritor-director de cine, porque recurre a un estereotipo (jefe = mal bicho) para hallar la explicación a un hecho que le parece insólito, en vez de, por ejemplo, dudar si lo que estaba pasando era que la redacción ovacionaba al director saliente o, en realidad, rechazaba al entrante.

 En los treinta y seis años que llevo de vida laboral he tenido muchos jefes (uso el género neutro, también he tenido jefas), y, salvo pocas excepciones, lo de taimados e insolidarios no les es de aplicación, y mucho menos lo de abyectos. Aunque tampoco niego que he conocido a algún auténtico cabrón que, por suerte, no me ha tocado a mí. Me gustaría saber qué tal jefe es David Rodríguez cuando dirige una película. Sí, Rodríguez. Ahora es mi turno de gracioso con mala baba. 

David Trueba se llama, en realidad,  David Rodríguez Trueba. Eso dice Wikipedia. Y es que en esto del arte y la política, ya se sabe, cuando uno va de divo pero el apellido del padre es vulgar, pues se caga uno en su padre y se le deja en el olvido, que llamarse “ez” no tiene glamour para la farándula (y por lo que se ve, tampoco vende en el circo de la política). Claro que ellos siempre se pueden escudar en que es un homenaje a la madre, esa sufrida heroína anónima, la gran mujer, generosa y abnegada,… o puede que David  Trueba desechara el Rodríguez simplemente para aprovechar el tirón de su hermano Fernando. Habría que preguntarle a éste el porqué de ese cambio de apellido. Claro que yo no soy el más indicado para juzgar, porque me llamo Pérez y en la red uso un seudónimo de lo más rebuscado. En mi caso, el homenaje a mi madre no es excusa.


Una propietat commutativa

Amis

A ‘La contra’ de La Vanguardia d’ahir, Víctor-M. Amela entrevistava a Joaquim Valls, un entrenador d’intel·ligència emocional (sic).  Aquest entrenador, també grafòleg, referint-se a l’escriptura deia això: “Jo abans feia una efa amb llaç a dalt … però pal a baix: o sigui, que el que jo pensava després no ho posava en pràctica” (Ves! —vaig pensar—  jo tampoc dec posar en pràctica el que penso, perquè fa molts anys que les meves efes són com el logo del facebook) .Seguia: “I em vaig esforçar a fer una efa com la que fa vostè [amb llaç a dalt i a baix] …això va comportar un canvi al meu caràcter: des que la faig així sóc més proactiu…no sempre tens la mateixa lletra: perquè vas canviant: i a la inversa, el mateix: si canvies la lletra alguna cosa et canviarà per dins!”

(Bravo! Jo ja ho havia intuït: existeix la propietat commutativa del comportament!) Quan era jovenet vaig fer el mateix raonament: si els gossos mouen la cua quan estan alegres, per la propietat commutativa del comportament, si els mous la cua, es posen contents. Ho vaig experimentar amb el Bruno, una mica complicat perquè era un bòxer… i va funcionar! Dos o tres moviments de la seva minúscula cua tallada i ja tens al Bruno embalat i fent el bèstia. Li vaig explicar a la meva mare, que no va dubtar ni un instant en dir si jo era idiota o què. Però jo tenia raó. O potser l’entrenador d’intel·ligència emocional és tan idiota com ho sóc jo.

(El bòxer de la imatge no és el Bruno, és l’Amis, un bon amic, molt enyorat.)


¿Yquiensoisvós?

   —¡Os hablo a vos, eh, paladín!— insistió Carlomagno—. ¿Cómo es que no mostráis la cara a vuestro rey?

   La voz salió clara de la babera.

   —Porque yo no existo, sire.

   —¿Qué es eso? —exclamó el emperador—. ¡Ahora tenemos entre nosotros incluso un caballero que no existe! Dejadme ver.

   Agilulfo pareció vacilar todavía un momento, luego, con mano firme, pero lenta, levantó la celada. El yelmo estaba vacío. Dentro de la armadura blanca de iridiscente cimera no había nadie.

   —¡Pero…! ¡Lo que hay que ver! —dijo Carlomagno—. ¿Y cómo lo hacéis para prestar servicio, si no existís?

   —¡Con fuerza de voluntad! —dijo Agilulfo—, y fe en nuestra santa causa!

   —Muy bien, muy bien dicho, así es como se cumple con el deber. Bueno, para ser alguien que no existe, ¡sois avispado!

   Agilulfo cerraba la fila. El emperador había ya pasado revista a todos; dio vuelta al caballo y se alejó hacia las tiendas reales. Era viejo, y procuraba alejar de su mente los asuntos complicados.

 (Italo Calvino, “El caballero inexistente”. Traducción de Francesc Miravitlles)

 

 

… y procuraba alejar de su mente los asuntos complicados.

 


La burocràcia es blinda contra eventuals fenòmens sobrenaturals

No he pogut resistir la temptació de fer aquesta breu nota en el mateix moment en què m’han informat que els certificats de defunció CADUQUEN als tres mesos d’haver-los expedit.

Tampoc he pogut resistir la temptació de dir-li a l’advocat que m’ho ha confirmat que, deixant de banda les creences religioses, que se sàpiga, cap mort ha ressuscitat.

Com que intento ser eficient i no puc evitar ser racional, que em disculpin tots els advocats, procuradors, jutges i funcionaris varis de l’administració de justícia, però en aquesta qüestió diria que no trepitgen de peus a terra, perquè una cosa són les pel·lícules i una altra la pura realitat.

Segur que té una explicació, però no tot el que té una explicació significa que aquesta sigui lògica.


La guerra es el orgasmo del estado

LA GUERRA ES EL ORGASMO DEL ESTADO

Este título no es el fruto de una meditación anarco-antibelicista o consecuencia de una euforia etílica. Esta sentencia no tiene autor, pero tampoco es anónima. Tiene un descubridor: yo. Fue un descubrimiento que hice hace más de treinta años: la cosa estaba ahí, dispersa entre montones de palabras encerradas en un artículo de La Vanguardia que no recuerdo de qué trataba, pero juraría que no era ni de sexo ni de guerra. Fue fruto de una diversión que apenas he practicado y que consiste en coger un texto e ir subrayando (envolviendo, iluminando…) palabras aisladas escogidas según van apareciendo y formar frases con sentido. Reconozco que es ingeniosa, pero no tuve que pensar demasiado para construirla. Estaba ahí. Y, sin embargo, puede que no desmerezca de muchas de aquellas máximas que aparecen en las primeras páginas de algunas novelas o que encabezan capítulos o escritos eruditos, porque cuando se lo dije a una amiga razonablemente sensata e instruída, no hubo forma de convencerla de que no la engañaba; ella estaba segura de que aquello no era de mi cosecha. ¡Qué desconsideración no concederme un mérito tan pequeño! Debería haber conservado el trozo de diario como prueba. Y ahora sería todo un gustazo escanearlo y publicarlo aquí.

Esta entrada está etiquetada como un desvarío. Pues eso, ustedes perdonen.