¡Ay, Consuelo, que se nos ve el plumero! (Un conte «allegro ma non troppo»)

«Los vamos a enchironar. A ver si esos independentistas de mierda se enteran de una puta vez que España no se toca y de quién manda aquí. Les va a caer una sentencia que «se van a cagá en toh nuestroh muertoh». Llevamos más de dos años apañando el tema; aquí se ha currado mucho para ir todos a una: gobierno —primero del PP y luego del PSOE—, mandamases de los jueces, fiscales, policía nacional, guardia civil… ¡Ah!, y el Rey (Felipe no puso pegas: ya lo tenía claro antes de heredar la corona que Franco regaló al Borbón padre). Nos está saliendo todo redondo. Esperemos que presidente de la sala continúe poniendo a raya a las defensas. De momento la cosa funciona, pero esos abogados no hacen más que tocar los huevos, y como continúen así no va a haber más remedio que rebajar las penas unos pocos añitos. «♪♫ ¡Ay, pena, penita, peena —peena—, pena de mi corasón, que me corre por lah venah, pena, con la fuerssa d’un siclón! ♫» ¡Aix! ¡No sé por qué estoy tan contenta! El disfraz del juicio nos está quedando que ni bordado. El presidente (¡qué tío más espabilado!) se niega a que se pasen los vídeos durante esta fase del procedimiento, no vaya a ser que se vea a la policía repartiendo estopa a unos votantes pacíficos y contradiga las declaraciones que se han aprendido de memoria nuestros testigos . Y qué cachondo el presidente cuando hace ver que aplica rigurosamente el derecho… ¡que hasta parece que va en serio! Pues no tiene tablas, que digamos. « —¡Sálvese quien pueda, que Estrasburgo llegará algún día, y éstos abogados no están a sueldo de los nuestros.», debe pensar. Y de los testigos de la acusación, ¿qué hay que decir? ¡Xapó! Todos se han aprendido la lección al dedillo. Lo de las miradas de odio no tiene desperdicio. Habria que condecorar a quien se le ocurrió la idea. Miradas de odio… violencia… lanzamiento de botellas… insultos… bueno, esto último sí que es verdad, ¡eh! ¿Y el tema de la memoria que les falla? «—No lo sé… no me acuerdo…no me consta… pues si lo pone en la diligencia, será así… ». ¡Joé! ¡De matrícula de honor! Hasta ahora, solamente la ha cagado la Consuelo: eso de que la cámara la pille moviendo los labios diciendo lo mismo y en el mismo momento en que se oye la voz del testigo, es un patinazo de mil pares de cojones. Pero, ¡qué hostias!, en España cuela todo, que para eso tenemos medios a sueldo, ¿no? ¡Y cobran un pastón! Para otra vez, de todas formas, habrá que pensar en diferir un minutito la emisión de la señal y así chapar lo que no convenga; total, ¿quién se va enterar? ¡A por ellos, oé! ¡A por ellos…!»

¿Creéis que exagero? ¿De verdad no os parece que este es el relato auténtico y que la farsa es el juicio?

Fuck Cops

Por lo que llevo visto hasta ahora de esta cruel farsa, y por unas cuantas cosas más, les deseo una larga vida a los verdugos de una democracia auténtica que podía haber sido España, empezando por los borbones, siguiendo por los diferentes gobiernos de González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez y acabando por jueces, fiscales y mandos de las fuerzas de seguridad. Larga vida, sí, para que vivan durante muchos años acompañados de la vergüenza de haber sido unos indignos servidores del Estado, y para que todos vivan con rabia y rencor el que será su gran fracaso: el inevitable advenimiento de la República Catalana independiente, porque, al igual que las oligarquías económicas españolas dominantes en los años setenta no tuvieron más remedio que liquidar la dictadura de Franco para poder continuar con sus negocios —porque así lo exigía el escenario internacional—, el dinero que ahora mueve el mundo no tardará en tomar partido para cambiar el incómodo escenario español que, de continuar así, acabaría perjudicando seriamente sus intereses económicos en la Península Ibérica. La lucha por la independencia de Cataluña por una parte, y de una democracia fuerte y moderna en el Estado español por otra, no contarán con la ayuda de la patética Unión Europea —que hasta ahora no ha movido un solo dedo, todo lo contrario— ni de la diplomacia internacional, ni de la solidaridad de los gobiernos democráticos «civilizados»: será el dinero quien lo haga. «Money makes the world go round» cantaban Liza Minelli y Joel Grey, en una memorable escena del film «Cabaret».

 

Anuncis

¿Qué ha sido de aquellos lugartenientes de Dios?

Tiempo atrás, los reyes eran elegidos por Dios. Que el Señor nombrase a los reyes para ejercer de delegados suyos en los asuntos mundanos investía a las realezas de legitimidad sobrenatural. El pueblo, menos temeroso de la ira de Dios que la de la Iglesia, el rey y sus esbirros, se consolaba haciendo de la triste realidad una voluntad divina de piadoso acatamiento. A esa actitud del pueblo la catalogarían hoy de indefensión aprendida seguida de alivio por disonancia cognitiva.

Con el paso del tiempo, el pueblo tomó nota de las enseñanzas de Jesucristo –dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios– y se convino que Nuestro Señor se ocuparía únicamente de los asuntos intangibles de la fe; el resto sería competencia de los mortales. En Francia, para desgracia de la aristocracia, la consigna se aplicó de forma muy radical: las gentes dejaron de ser súbditos sometidos a la tiranía del rey para pasar a ser ciudadanos sometidos a la tiranía de los políticos. Y empezaron a rodar aristocráticas cabezas, algo que nunca habría imaginado a principios de aquel mismo siglo un prestigioso Rey Sol de infausta memoria.

Cuando se habla de reyes y monarquías, a los republicanos catalanes en seguida nos viene a la mente la inefable dinastía borbónica, y no podemos evitar pensar en el aciago prestigio de Luis XIV –aquel Borbón, «Lugarteniente de Dios»– y la escuálida fama del Borbón Felipe VI «El Preparado», que en vez de ser nombrado por Dios nuestro Señor, Rey de los Cielos y de la Tierra, ha heredado la corona por ser el espermatozoide más rápido de un coito de Juan Carlos I «El Campechano», monarca elegido por un general golpista, Caudillo de España por la gracia de Dios. Así es que en el Reino de España ya no hay una vía de comunicación con el Reino de los Cielos sino con el Valle de los Caídos: el jefe de Estado español es el lugarteniente de Franco en la dimensión de los vivos.

Por continuar con la tradición dinástica, y ejerciendo a la perfección su papel borbónico, en unos pocos minutos, un 3 de octubre, Felipe «El Preparado» se ganó la irreversible enemistad de los catalanes, ese pueblo díscolo que lleva siglos intentando perder de vista a la familia de Su Majestad. En el primer tercio del siglo pasado, cuando parecía que lo estaban consiguiendo, les jodió bien jodido el invento un general bajito que se hizo llamar Caudillo de España, de voz aflautada, bigotillo y –según se dice– ejemplar de un solo testículo. Como tenía uno solo (como el agujero de la flauta de Bartolo), los fachas no pueden narrar sus hazañas cuarteleras con ese “…y con dos cojones, Franco…” . Justicia poética.

¿Y qué es hoy, de la familia real española, en pleno siglo XXI? Una comedia allegra ma non troppo. El emérito padre, el campechano cazador de elefantes que parece ser que mientras le iba dando gustito al pizarrín con poco disimulo, se hacía de oro mangoneando comisiones sin la discreción recomendable, gracias a sus amiguetes del este del Mar Rojo. La emérita consorte, hija de un rey y una princesa, discreta y resignada. Su nuera majestad –antes plebeya, una periodista que ambicionó algo más que aparecer en público como currante de los telediarios de TVE– impidiendo que la emérita aparezca con sus rubias nietecitas, unas imágenes que se hicieron virales en las redes sociales. Sus rubias altezas, la mayor, sucesora al trono gracias a una modificación exprés de la intocable Constitución; la otra, una simple infanta que ya tiene bien resuelto su futuro.

Felipe VI –el último Borbón que habrá reinado en las Españas según mis pronósticos– cuenta con dos hermanas y unos cuñados con unos historiales que parecen sacados de una teleserie latinoamericana. La hermana mayor, por culpa de una ley sálica, no ha podido suceder a su campechano padre, privando así a los españoles republicanos de una venganza del destino en forma de reina digna de aparecer en una de las desmadradas historias de Monty Python. ¡Una lástima! La otra hermana, enamorada –quizás ahora ya no tanto– de un jugador de balonmano con el que se casó para goce y disfrute de ella y oportunidad única de él de conseguir un sustancioso patrimonio por la puta cara. Jueces y fiscales no han podido disimular tanto descaro, aunque sí que hacen todo lo posible por no incomodar a la real institución con asuntillos de familia sin importancia. Aunque nadie le ha visto, se dice que el revocado duque de Palma está en la cárcel cumpliendo condena. Y su fiel esposa, «La Desinformada», desterrada de La Zarzuela y trabajando para La Caixa, fruto de una amistosa relación entre el banco y la Casa Real –no lo suficientemente amistosa, parece ser, como para evitar que el Estado le coaccionase retirando miles de millones de depósitos para que trasladara su domicilio social fuera de Cataluña (https://www.ara.cat/es/economia/estado-saco-miles-millones-depositos-bancos-catalanes-2-O_0_2101590016.html).

Ya veis en qué se han convertido aquellos antaño lugartenientes de Dios. Sic transit gloria regum.


El cartelito

Rue des mauvais garçons

Se dice que ha sido un grupo independentista el que ha pegado por varias ciudades de Cataluña un cartel  con la imagen de Franco recomendando no votar: “NO VOTES. EL 1 DE OCTUBRE, NO A LA REPÚBLICA”. ¿Quienes iban a ser sino un grupo de chicos malos independentistas los autores de esta broma? Los grupos de extrema derecha no usarían a Franco para esta campaña porque saben que su imagen sólo la “compran” unos pocos exaltados anclados en la prehistoria franquista, y eso podría inducir a muchos unionistas a desmarcarse de la ultraderecha y no hacer caso de la consigna de abstención del españolismo constitucionalista e ir a votar (aunque votasen NO). A la derecha rancia, con su discurso de ilegitimidad del referéndum, no le conviene en absoluto que haya una gran participación, y aún menos si hubiera un gran número de votos del NO: para dar soporte a su ultranacionalismo cavernícola tienen a Sociedad Civil Catalana, que con su opaca financiación y propaganda de falsedades ya les hace toda la faena.

Para mí, los ideólogos de esta campaña además de ser independentistas tienen olfato para lanzar el mensaje y sentido del humor, y han sabido ser oportunos: ¡hicieron el despliegue en la víspera del 18 de julio!

Ha habido constitucionalistas de izquierda –casualmente, hay uno que esconde que su primer apellido es Franco– que se han ofendido mucho porque consideran que el mensaje del cartel les trata poco menos que de fascistas porque ellos también preconizan la abstención, el no votar en este referéndum. Lo que les pasa es que su opción de no votar en lo que ellos consideran un referéndum sin garantías coincide con la opción de la derecha reaccionaria de no votar en un referéndum “ilegal”, y eso no lo llevan nada bien. Eso y que los independentistas les digan constantemente que se dicen muy de izquierda transformadora y republicanos pero que prefieren una monarquía corrupta española antes que una república democrática catalana. Escoger una opción en momentos cruciales tiene un coste. En política, el mayor premio o el castigo será el lugar en que le deje a uno la Historia.

En esta acción veo un mensaje muy diferente a cómo lo ve cierta izquierda acomplejada: no se trata de insultar a la izquierda constitucionalista sino de recordar que Franco (el dictador, no el diputado Lluís Franco Rabell que esconde su primer apellido) estaría en contra de cualquier votación que no manipulasen los suyos, y por supuesto en contra de la República Catalana; de manera que la opción democrática está en ir a votar y que cada cual vote lo que crea que más le conviene. El objetivo es fomentar la participación con un tono humorístico, recurriendo –cosa menos frecuente– a un elemento negativo, de infausta memoria. Y por supuesto que dan por sentada la mayoría del SÍ, porque si no, no harían una campaña para fomentar la participación de unos colectivos cuyos votos les irían a la contra.

(No he querido incluir en este texto la imagen del cartel porque me repugna el dictador,  sus obras y sus pompas. De ahí la imagen que alude a esos chicos malos.)


Quo vadis, CUP?

En aquest text he volgut utilitzar el femení com a gènere que designa un col·lectiu de persones d’ambdós sexes per a referir-me a la gent de la CUP, únicament. Aquesta estrafolària manera de dir és pròpia d’algunes figures mediàtiques d’aquesta formació política, i deu ser un símptoma d’alguna mena de miopia lingüística que impedeix entendre que utilitzar les paraules de gènere masculí que denominen col·lectius de persones de tots dos sexes no té res a veure amb l’ús d’un llenguatge masclista. És l’evolució natural dels idiomes al llarg dels segles qui fixa com a norma els usos i costums. Per descomptat que m’hi nego radicalment a utilitzar el «políticament correcte» desdoblament de gènere (“Ciutadans [i ciutadanes] de Catalunya, ja sóc aquí!”), un dogmatisme sexiste que sembla anar a més. ♫ Aux armes, citoyens [et citoyennes]! Formez vos bataillons! Marchons, marchons, qu’un sang impur abreuve nos sillons

Quo vadis

Aquesta escala la vaig fotografiar a Ainet de Cardós

Vist el paper de la CUP en el procés cap a la independència de Catalunya, molts independentistes han arribat a la conclusió de que elles són les dolentes de la història. Jo no ho veig així, més aviat m’inclino a pensar que a estones són múrries i molt sovint maldestres. Tanmateix, en qüestió de mala fe, els altres partits independentistes tampoc es queden enrere.

Mentre que els fets i miracles del Gobierno, el Tribunal Constitucional i els notables del constitucionalisme ha estat un filó per a crear independentistes, les actuacions de la  CUP tenen l’efecte contrari: desanimar els indepes de tota la vida més conservadors, els nouvinguts menys convençuts i els potencials nous independentistes que, davant la perspectiva de veure’s identificats i compartint perilloses aventures amb elles, emigren espantats a opcions menys arriscades.

Des del 27 de setembre del 2015, l’activitat de la CUP, entre altres qualificatius menys benèvols, podria figurar en els manuals de comunicació com a un eficaç model d’autopromoció. L’han aconseguit de forma ràpida i notòria, confortablement, sense mullar-se el cul en això tan emprenyador com és comprometre’s a participar en la gestió de la cosa pública. Hi haurà qui pensi que ho han fet d’una manera grollera i covard, però els retrets no van amb elles: ja se sap, el fi sempre justifica els mitjans.

Per a captar el vot  independentista de l’esquerra radical i el de l’esquerra independentista al·lèrgica a CDC i a qualsevol coalició on hi pogués figurar, van convèncer el seu target que la prioritat era aconseguir la independència de Catalunya. Fan una estudiada promoció del seu millor rostre: el tracte amable i la bona retòrica de David Fernández i Quim Arrufat, flagell de corruptes, feministes, defensores dels desfavorits… l’abraçada entre David Fernández i Artur Mas; la candidatura d’Antonio Baños, una altra cara amable… les virtuts com a esquer! Pocs sospitaven que la immaculada CUP, la mateixa que es guanyava les simpaties d’independentistes de dretes i esquerres, estava entabanant a milers de càndids ciutadans. Els deu escons que aconsegueixen en les plebiscitàries del 27 de setembre, sota aquella aparença de sintonia amb la resta de formacions  independentistes, fa que esdevinguin imprescindibles per a formar majoria en el Parlament. Aquesta és la seva eina. Després vindrà l’extorsió, la venjança i la deslleialtat.

Immediatament després de forçar la presentació i l’aprovació de la resolució del Parlament 1/XI de 9 de novembre —per a molts, una resolució inoportuna i innecessària— organitzen un festival amb l’agònica demolició d’Artur Mas com a candidat a la presidència de la Generalitat (la venjança) i l’acceptació d’investir Carles Puigdemont (show must go on) a canvi de la signatura d’un pacte d’estabilitat del que se saben lliures d’incomplir-lo quan l’ocasió ho mereixi. Aconsegueixen així un dels seus objectius prioritaris, tallar el cap de Mas a cost zero. Accepten investir Puigdemont perquè, òbviament, els convé evitar unes noves eleccions: és la garantía per a mantenir el seu arrogant protagonisme, és l’opció més aconsellable perquè, als ulls dels seus votants, continuen figurant com a genuïnes defensores de l’independentisme, però, sobre tot, perquè unes noves eleccions podrien reubicar-les on els hi correspondria i quedar-se sense la seva principal eina de treball.

Amb la presentació del pressupost els arriba la gran ocasió de passar-se per l’entrecuix l’acord d’estabilitat, convençudes de que també els hi sortiria de franc. Potser no havien valorat prou les possibles conseqüències de tot plegat (ara s’estan fotent d’hòsties entre elles i arrisquen unes noves eleccions). Segur que no s’esperaven la qüestió de confiança que s’ha tret el President Puigdemont del barret, de manera que és molt probable que l’estratègia que han estat practicant fins ara ja no els sigui útil, si no és que la resta de partits i entitats independentistes volen continuar fotent-se les grans patacades per ser tan càndids!

La qüestió de confiança no admet ambigüitats: només poden donar-li el seu vot de confiança al President o no donar-li. Si el donen i no hi ha un gir inesperat, tot continuarà igual: majoria independentista al Parlament, tirar endavant a batzegades, amb un pressupost prorrogat, un fracàs que, precedit d’una exhibició de cinisme polític, ha estat l’única aportació memorable que han fet la CUP i les esquerres pseudofederalistes en el que va de legislatura. Sort tenim que són les formacions més compromeses amb les classes desfavorides! Si no donen el seu vot de confiança, hi haurà noves eleccions. Però això no els convé perquè molts dels seus votants ja han perdut la virginitat, de manera que milers de vots anirien a parar a l’esquerra pseudofederalista, a ERC i a la abstenció.

Conclusió: si la militància de la CUP són independentistes genuïnes i convençudes, no han estat gens intel·ligents,  perquè amb la seva actitud han aconseguit afeblir l’independentisme i que només treguin profit els constitucionalistes. Si no ho són, i el seu dogmatisme les duu a considerar que Revolució i Independència van per camins diferents, que tant els fa que fracassi el Sí mentre es mantingui l’ortodòxia, aleshores són molt maldestres, perquè l’únic que guanyaran és insignificància.

Per acabar, si la CUP està dividida, com sembla ser, a què està esperant la facció dissident per a reaccionar?

Continuaran.


¡Ojo con el periodista!

Reproduzco una nota aparecida en la sección GENT del diario Ara del martes 8 de diciembre:

Justin Theroux diving

Si ya habéis leído la nota, los que no tengáis unas nociones básicas de buceo creeréis que practicarlo es algo muy peligroso, y los que tengáis alguna noción sobre el tema seguramente pensaréis que el periodista no tiene ni idea de lo que explica y que Justin Theroux (en adelante JT, para abreviar), el protagonista de la noticia, o es algo justito y tiene mucha fantasía o el monitor que le acompañaba era un inepto peligroso. O las dos cosas a la vez.

Hay que dejar claro de entrada que lo que JT llevaba en la espalda, sin ninguna duda, era una botella llena de aire a presión, y no de oxígeno. Aire, sí, el mismito que respiramos (80% de nitrógeno y 20% de oxígeno, por simplificar) sólo que a una presión que el regulador se encarga de suministrarla a la que los pulmones del buceador requieren en cada momento, según la profundidad a la que esté. Es lo habitual en buceo deportivo. Y no importa si lo que llevaba era aire enriquecido en oxígeno porque, en esencia, las pifias de la crónica serían las mismas. ¿Cuántas veces habéis leído que si las bombonas de oxígeno, las botellas de oxígeno…? Pues no, es aire. El oxígeno también se usa en buceo, pero eso es harina de otro costal, destinado a expertos y para inmersiones de poca profundidad.

Suspendido el periodista por desinformar.

Dice la nota que JT explicaba en una entrevista en la tele que estuvo a punto de ahogarse mientras buceaba, que detectó que el “oxígeno de su bombona” (sic) estaba a punto de agotarse. ¡Bravo! Se supone que si se dio cuenta debía ser porque su manómetro le indicaba que estaba casi a cero, y lo debió ver por casualidad, porque si lo hubiese estado consultando durante el buceo —que es lo que hay que hacer, y es elemental—habría acabado la inmersión a su tiempo, sin ninguna incidencia. O es eso lo que pasó, o, si consultaba el manómetro regularmente, se le estropeó cuando le quedaba poco aire y no se dió cuenta (el manómetro es un mecanismo sencillísimo que raramente se estropea). O miente de cara a la galería, simplemente. En cualquier caso, se trataría de una irregularidad del centro de buceo por no no tener el material en condiciones o, si el manómetro funcionaba correctamente, una grave negligencia del guía por no asegurarse antes de entrar en el agua que JT, si no tenía licencia de buceador, por lo menos sabía lo que se hacía; y que se trataba de una inmersión a poca profundidad, claro.

Lo que es desternillante, y no hace falta tener ninguna noción de buceo, es que “… va aconseguir que el seu monitor —que no sabía anglés— entengués que s’ofegaria en breus instants”. Bajo el agua, si no es que vas equipado con una máscara con intercomunicador, ya puedes hablar esperanto, swahili o cantar misa, que tu compañero no se va a enterar de lo que le dices. Hay un lenguaje internacional de signos básicos que cualquier persona que se sumerja, aunque sea su primera vez y por mucho intercomunicador que lleve, es imprescindible que conozca. Y uno, por supuesto, es el gesto de la falta de aire.

Yo más bien creo que JT cuenta una incidencia que no pasó exactamente como la explica o que el cronista de la noticia pone mucho de cosecha propia.

En cualquier caso el responsable de la sección GENT del Ara debería tener más cuidado con las notas que le llegan de agencia y que publica sin revisar. Aunque se trate de una sección de frivolidades de la vida mundana no tiene por qué faltar el mínimo rigor exigible. Esta nota se la tendrían que haber ahorrado.

Y me pregunto: ¿cuántas noticias y artículos sobre contenidos de los que lo desconozco todo, y el periodista también, me habré tragado dándolos por buenos?


Malditos cabrones. (Versión original subtitulada)

Mirad qué le puede pasar a la publicidad de las cadenas de televisión cuando interrumpen abruptamente una película de acción y no toman precauciones para evitar que los subtítulos se quedan congelados y se vean durante la emisión de todos los anuncios del corte publicitario:

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Tiene su gracia, pero si yo fuera el anunciante no me haría ninguna.

(Las imágenes las saqué en unas fechas en que se cambiaron las frecuencias de los canales de alta definición)

 


París, noviembre del 2015

Marianne

Las barbaries cometidas contra la humanidad conmocionan a los bien nacidos de cualquier parte del mundo, suceda donde suceda, sin importar el color o el credo de las víctimas. Lo que pasa es que  la inmensa mayoría de nosotros no tenemos alma de santo, somos tan elementales que reservamos nuestros sentimientos más profundos para lo familiar y cercano. Los atentados de París hicieron que las familias y las amistades de los ciudadanos que fueron absurda y cruelmente asesinados se convirtieron para muchos de nosotros en personas muy próximas. ¿Cómo es eso? Pues porque muchos de nosotros — los que tenemos más de sesenta años— estudiamos francés en el Bachillerato;  nos gustaba la música francesa; leíamos revistas francesas; en verano nos juntábamos con amigos franceses; íbamos a Perpiñán a ver el cine que aquí se nos prohibía y a comprar aquellos discos que nunca llegaban a España. Francia, nuestro vecino, simbolizaba la libertad que anhelábamos. Francia y su cultura, siempre muy cercanas. Y porque París es mucho más que la capital del Estado francés. Nos pertenece un poco a todos los que nos sentimos demócratas porque simboliza unos valores que hemos hecho nuestros: la revolución burguesa, Liberté-Egalité-Fraternité,  la República, la Résistance, Mayo de 1968… Cultura y Libertad.

A nadie le debería extrañar que  muchos de nosotros hayamos dicho públicamente,  y sin ningún complejo, Aujourd’hui  je suis français!